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CONTAMINACIÓN DEL AGUA

La contaminación hídrica se entiende como la acción de introducir algún material en el agua alterando su calidad y su composición química. ...

domingo, 8 de mayo de 2016

LOS CICLOS DE MILANKOVIĆ O LAS CAUSAS NATURALES DEL CAMBIO CLIMÁTICO

El nivel de insolación que afecta la Tierra depende de la cantidad de luz o radiación solar la cual aumenta un 10% cada mil millones de años.  Paralelamente, nuestro sol tiene un ciclo de 11 años durante los cuales la cantidad de radiación sube y baja cíclicamente un 0,1%.

El clima es controlado por el balance de energía que entra y sale del sistema tierra por lo que, incrementar la cantidad de energía que entra o reducir la velocidad a la que sale, haría más cálido el clima del planeta.

Determinados gases presentes en la atmósfera, retienen parte de la energía calorífica que se recibe del sol produciendo un aumento de temperatura en la superficie del planeta, este fenómeno se conoce como efecto invernadero.

La atmósfera no tiene una composición estática, los gases de efecto invernadero se añaden y retiran a lo largo del tiempo.  Por ejemplo, el dióxido de carbono (CO2) aumenta con las erupciones volcánicas y la quema de materia orgánica pero es removido por la fotosíntesis de las plantas, cuando se disuelve en el agua o cuando se producen sedimentos o rocas carbonatadas.

En promedio, la temperatura de la Tierra unos 25-100 mil años atrás, era unos 6ºC mas baja que en la actualidad y el clima era mas seco.  Los científicos creen que la variación de la insolación es responsable de estos cambios climáticos.

La orbita de la tierra alrededor del sol, tiene un profundo efecto sobre la cantidad de insolación recibida.  Los cambios periódicos en la órbita de la Tierra se conocen como los ciclos de Milanković en honor a Milutin Milanković, un ingeniero civil, astrónomo, matemático y geofísico serbio que desarrolló una teoría matemática sobre el clima en la cual plantea que factores astronómicos en la órbita de la Tierra, alteran los patrones de insolación que se reciben. 
Las principales variaciones o ciclos de Milanković son:

Excentricidad de la órbita de la Tierra alrededor del sol.  Su trayectoria varía entre ser casi circular a ser ligeramente elíptica. Hay dos periodos principales en los cuales se produce este cambio.  El tiempo en el que la órbita pasa de ser circular, a elíptica, y de nuevo a circular, es de alrededor de 100.000 años.  Este ciclo tiene como consecuencia una variación significativa en la insolación recibida y ha sido el responsable de desencadenar los períodos glaciares e interglaciares que ha experimentado el planeta.
Oblicuidad del eje o inclinación axial.  En su recorrido alrededor del Sol, la Tierra gira en un ángulo de 23,5 grados el cual es responsable de generar las estaciones del año ya que, cada hemisferio se inclina hacia y desde el sol a lo largo del año.  Esta inclinación axial varía entre 22,1 y 24,5 grados en un ciclo de aproximadamente 41.000 años.  Mientras mayor sea el ángulo más grande será la diferencia entre verano e invierno.

Actualmente, la inclinación axial está a medio camino entre ambos extremos lo que hará que las estaciones sean más débiles (veranos más frescos e inviernos más cálidos) en los próximos 20.0000 años.

Precesión del eje de rotación.  La dirección del eje de rotación también cambia en el tiempo con relación a las estrellas. En la actualidad, el Polo Norte apunta hacia la estrella Polar, pero el eje de rotación oscila entre esta y la estrella Vega en un ciclo que tarda alrededor de 20.000 años en completarse.  Este lento movimiento de peonza, es debido a que la Tierra no es perfectamente esférica, pues en su período de formación quedó algo achatada en los polos y engordada en el Ecuador.


Estos ciclos son relevantes, pues explican la distribución de la energía en cada estación del año y en cada hemisferio según varían las características de la órbita en el tiempo. La influencia astronómica en los cambios climáticos de la Tierra es evidente.









LOS TRANSGÉNICOS Y LA LEY DE SEMILLAS

Las semillas son tan importantes como la tierra.  Quien las controle podrá dominar el sistema agroalimentario de la nación e incidir en las cadenas de valor asociadas a la producción de los diferentes rubros agrícolas.

Como era de esperarse, el proyecto de ley nacional de semillas ha generado gran inquietud y rechazo en múltiples sectores de la sociedad debido a su clara intención de constituirse en un mecanismo para controlar qué y cómo se producen los alimentos en el país.

Productores y consumidores están especialmente preocupados debido a que este proyecto de ley permitiría la entrada al país de semillas transgénicas sin que el país cuente todavía con un marco legal sobre biodiversidad y bioseguridad.

Los organismos genéticamente modificados (OGM) son aquellos cuyo ADN ha sido modificado de forma no natural, (ni por reproducción, ni por mutación) mediante técnicas de ingeniería genética. La manipulación puede ser para quitar o agregar uno o más genes de individuos de la misma especie o de una especie diferente.

Un organismo transgénico es una clase específica de organismo genéticamente modificado al que se le ha introducido uno o varios genes que pertenecen al genoma de otra especie diferente con el fin de producir proteínas de interés industrial o bien mejorar ciertos rasgos como la resistencia a plagas, la calidad nutricional o la tolerancia a heladas entre otras características.

No obstante, las dos principales características genéticas introducidas en la actualidad en la casi totalidad de los OGM que se cultivan comercialmente, son la resistencia al glifosato (un herbicida) y la introducción del gen que codifica la producción de la toxina Bt produciendo plantas biocidas. Estas modificaciones genéticas no representan ninguna ventaja para los consumidores desde el punto de vista nutricional, sino que sólo han facilitado un modelo de agricultura industrializada y sin agricultores.

Es por eso que los cultivos transgénicos y el carácter industrial de su producción, están asociados a la intoxicación del suelo y del agua, al desarrollo de enfermedades, a la desaparición de insectos, la deforestación y al cambio climático.

Es imposible evitar que el viento, los pájaros o los insectos transporten las semillas transgénicas a otros campos y contaminen otros lugares contribuyendo así a la pérdida de diversidad agrícola al uniformizar millones de hectáreas en el mundo con monocultivos desplazando cultivos tradicionales (y dificultando la producción orgánica.  El uso de transgénicos conlleva además una pérdida de opciones futuras de alimentación, no es solo una cuestión de especies y de producción sino de diversidad al interior de las especies.
Las semillas no solo son objetos que se deben mantener o conservar, son fuentes de aprendizaje que han generado conocimientos y nuevas variedades con características distintas adecuadas a realidades diversas.
Permitir la entrada de transgénicos y otras disposiciones contempladas por este proyecto de ley, como la enajenación de nuestros recursos genéticos, contravienen varios artículos de la constitución de la Ley general sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales y de la Ley de Protección a los Derechos del Consumidor

LEY NACIONAL DE SEMILLAS

Las semillas con toda su diversidad genética, constituyen el corazón de la seguridad y la soberanía alimentaria al ser la base sobre la que descansa toda la producción de alimentos para nutrir a la población.

El proyecto de Ley Nacional de Semillas  es un instrumento de regulación para controlar lo que se produce y cómo se produce lo que nos comemos.  Este hecho incide directamente sobre nuestra economía doméstica, nuestra salud, nuestro equilibrio ambiental y sobre la competitividad del país en términos agrícolas y toda su cadena de valor asociada.  Por esta razón debemos preocuparnos todos y todas como actores sociales.

El Senado dominicano, no parece haber dimensionado lo pernicioso que resulta a los intereses de la nación, ni el lesivo efecto que tendrá la ley, tal como está elaborada, sobre los pequeños agricultores, a quienes la presente gestión de gobierno apoya con denodados esfuerzos.

Este proyecto de ley plantea el decomiso y la destrucción de recursos fitogenéticos para evitar la mezcla de variedades y proteger así, en principio, la pureza de las semillas certificadas.  Esta medida conllevará una reducción de la agrodiversidad y, eventualmente, una mayor vulnerabilidad ante los ataques de plagas y enfermedades.  En adición, se potenciará, aún más, la contaminación ambiental ya que el paquete tecnológico de muchas de las semillas certificadas exige un mayor uso de agroquímicos.

Contempla además la enajenación de nuestros recursos genéticos al ceder derechos, vía el otorgamiento de licencias y contratos, que permitan a terceros reproducir y comercializar semillas nacionales de variedades mejoradas obtenidas por instituciones públicas.

Permite la entrada al país de organismos genéticamente manipulados (OGM) producidos en otros países, sin contar todavía con una legislación sobre bioseguridad y biodiversidad que proteja la vida e integridad de nuestros propios recursos.

Por otro lado, desconoce derechos consuetudinarios y criminaliza prácticas provenientes de saberes ancestrales de la población relativos a la producción, la conservación y el cuidado de semillas.

Supedita a los productores a un riguroso control por parte de inspectores para verificar el uso de semillas comerciales y certificadas.  Esto puede degenerar en una estructura de extorsión, ya que la mayoría de los productores no llevan registros administrativos ni contables de sus actividades.

Establece un sistema de control de la producción y la comercialización de semillas que estimulará la creación y consolidación de un oligopolio de empresas, cuyo fin no es la producción de alimentos sino la maximización del rendimiento financiero en beneficio propio.

Hace obligatorio el uso de semillas certificadas cuando se trabaje con el apoyo financiero del sector oficial (BAGRÍCOLA, FEDA, BNV). El sobreprecio de la semilla certificada encarecerá los costos de producción, lo que elevará el precio de los alimentos producidos.

Convierte al Departamento de Semillas del Ministerio de Agricultura en la Oficina Nacional de Semillas (ONASE) confiriéndole atribuciones y prerrogativas que limitan la capacidad de maniobra de la autoridad sectorial para “impulsar políticas públicas y marcos legales que garanticen a los productores nacionales el uso de semillas nativas”. 
Trastorna el Sistema Nacional de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (SINIAF) al no contemplar el rol del Consejo Nacional de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (CONIAF) como ente cohesionador, articulador y de mayor jerarquía del Sistema. 

Puede incluso afectar el programa nacional de reforestación ya que ni el Plan Quisqueya Verde, ni los demás viveros forestales utilizan semillas certificadas para la producción de plántulas.

A la luz de lo expuesto, derogar la actual Ley de Semillas, vigente desde el 1971 y sustituirla por lo planteado en este proyecto de ley, supone un retroceso y un despropósito que de ninguna manera contribuirá a la soberanía alimentaria.


El eventual incremento de la productividad derivado del uso obligado de semillas certificadas, tendrá un costo social y político demasiado alto, el menoscabo de la agricultura familiar campesina.






¿CUÁLES SON LOS RIESGOS DE LOS TRANSGÉNICOS?

El uso de transgénicos trae riesgos para la salud y para el ambiente, viola derechos ciudadanos, socava la soberanía alimentaria y consolida el control corporativo sobre el sistema agroalimentario mundial.

Las transnacionales inventaron CT resistentes a sus propios herbicidas. Como consecuencia, se aumenta el uso de herbicidas y, por ende, la contaminación del ambiente y de los alimentos.

Los CT “Bt” resistentes a ciertas plagas son plaguicidas: producen toxinas en todas partes de la planta, incluyendo las que se come. El uso externo y puntual del plaguicida se sustituye por su uso continuo dentro del cultivo, lo que podría significar una adaptación de las plagas que pronto desarrollarían resistencia y se regresaría al uso de plaguicidas cada vez más tóxicos.

La liberación al ambiente de un transgénico puede provocar una serie de impactos ecosistémicos. Por ejemplo, el polen del maíz transgénico (Bt) es tóxico para ciertos insectos benéficos y exudados de sus raíces son tóxicos para algunos micro-organismos del suelo. La presencia de toxinas Bt en los CT inhibe la descomposición de su materia orgánica. De esta manera se desencadena una serie de efectos en cascada que afectan el equilibrio ecológico.

Cuando los cultivos transgénicos polinizan los cultivos naturales, los contaminan genéticamente y crean semillas híbridas transgénicas. La contaminación genética de cultivos tradicionales es irreversible, imposible de controlar y significa que toda su descendencia, se convertirá en transgénicos y se perderá, para siempre, cultivos tradicionales, y la opción y el derecho a consumir alimentos naturales. En México, centro de origen y diversidad del maíz, la contaminación de variedades tradicionales de maíz con maíz Bt. constituye una pérdida irreversible de este patrimonio de la humanidad.

La contaminación de parientes silvestres, cultivos convencionales y tradicionales con genes de resistencia a herbicidas puede dar lugar a super-malezas imposibles de eliminar.

Todos los CT producen nuevas sustancias que puedan causar alergias y otras enfermedades. Los CT plaguicidas son modificados para producir toxinas que luego se consumen, pero no se ha demostrado su inocuidad a largo plazo.

Se está manipulando cultivos genéticamente, en particular, el maíz, para que produzcan fármacos (anticonceptivos, vacunas, hormonas, etc.) y productos de interés industrial (aceites) Existe el riesgo de que estos “farma-cultivos” contaminen genéticamente el maíz para el consumo, produciendo alimentos contaminados con fármacos y otras sustancias de uso industrial

Los virus, bacterias y su material genético constituyen las herramientas de la ingeniería genética por lo que se aumenta la probabilidad de la “transferencia horizontal” de sus genes a otros virus y bacterias y la creación de nuevas enfermedades.

Los CT “terminator” son manipulados para que no produzcan semillas viables obligando al agricultor a depender de las transnacionales. Los genes de esterilidad pueden contaminar y esterilizar los cultivos tradicionales y especies silvestres, conduciendo a su extinción.


Se han creado semillas transgénicas que, para desarrollarse, florecer, etc., requieren de insumos químicos fabricados por las mismas compañías de semillas. Con esta tecnología el agricultor y el país dependerán totalmente de las compañías de semillas, se consolidará el poder de las transnacionales sobre la alimentación y se socavará la soberanía alimentaria.














¿QUÉ CARACTERÍSTICAS POSEEN ESTOS TRANSGÉNICOS?

Dos características predominan en los cultivos transgénicos comerciales actuales:
(1) tolerancia a herbicidas principalmente, al glifosato. 73% de los cultivos son de este tipo, llamados ¨Round-Up Ready¨ (RR) por su tolerancia al herbicida ¨Round-Up¨ de la compañía Monsanto.
(2) la producción de toxinas plaguicidas (Bt). Estos cultivos plaguicidas cubren 18% del área sembrada con transgénicos.
Otro 8% del área total está sembrada con cultivos trasgénicos que tienen ambas características.
¿QUIÉN PRODUCE LOS TRANSGÉNICOS?
Cinco compañías transnacionales de la agro-biotecnología controlan el mercado: Dupont, Syngenta, Bayer, Dow y, en particular, Pharmacia de Monsanto que produce 91% de las semillas transgénicas sembradas en el mundo.
¿POR QUÉ SE PRODUCEN LOS TRANSGÉNICOS?

Se promueve el desarrollo de cultivos transgénicos con promesas de ayudar a resolver el problema del hambre y a lograr una agricultura libre de agrotóxicos. Pero la realidad es otra. Estudios demuestran que los trangénicos no rinden más que los cultivos naturales, pueden ser más contaminantes e introducen nuevos riesgos. El interés y razón de ser de cualquier compañía es obtener ganancias. Las corporaciones obtienen ingresos por las patentes sobre los transgénicos y a la vez ejercen un control sobre el sistema agro-alimentario mundial por controlar el insumo fundamental: las semillas.

¿QUÉ ÁREA HAY SEMBRADA CON CULTIVOS TRANSGÉNICOS?

El cultivo de los transgénicos comenzó en 1995 con un tomate de larga duración pos-cosecha. En el año 2004, el área mundial sembrada con CT llegó a 81 millones de hectáreas, experimentando un aumento de 20% con respecto al año anterior. Es decir, que hubo 13,3 millones de hás más que el año 2003, abarcando 17 países, siendo los principales cultivos los siguientes:
- Soja: 61%
- Maíz: 23%
- Algodón: 11%
- Canola: 6%
Actualmente existen 14 mega-países-transgénicos que siembran sobre 81.000 hás de CT. De ellos, 8 tienen la mayor superficie sembrada: EE.UU. (59%), Argentina (20%), Canadá (6%), Brasil (6%), China (5%), Paraguay (2%), India (1%) y Sudáfrica (1%). Completan la lista México, España, Filipinas, Uruguay, Australia y Rumania. Con menos hectáreas sembradas se encuentran Alemania, Colombia y Honduras. (Fuente: Servicio Internacional de Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas ISAAA).
Los países que siembran transgénicos son entonces muy pocos y Uruguay se encuentra dentro de los países con mayor superficie de cultivos transgénicos por habitante en el mundo.

A pesar de haber hambre en nuestro país, resulta contradictorio que nuestras tierras se utilicen para cultivos básicamente de exportación y no para producir alimentos para nuestra gente.

¿QUÉ SON LOS TRANSGÉNICOS?

Los organismos manipulados genéticamente (OMG) también llamados “transgénicos” son organismos nuevos creados en laboratorio, cuyas características se han alterado mediante la inserción de genes de otras especies. Por ejemplo, se inserta el gen de resistencia al frío del salmón en papa para buscarle resistencia a heladas, o genes de bacterias en maíz para darle resistencia a ciertas plagas. Estas alteraciones no ocurren en la naturaleza, rompen las barreras naturales entre especies y traen muchos riesgos.